
En su tercer álbum, los californianos dejan de lado todo rastro hardcore-punk previo y se centran en once canciones con la vista puesta en los clásicos del heavy metal de origen británico. Aunque, en ocasiones, también se fijen en Guns’N’Roses y el glam más oscuro.
Resulta cuanto menos curiosa la evolución del metalcore si tomamos como ejemplo de la misma el devenir de una banda como Avenged Sevenfold. Con su primer álbum, ‘Sounding The Seventh Trumpet’ (Good Life, 01), fueron inmediatamente encuadrados dentro de una forma de entender el hardcore que, en más de una ocasión, sacó a la superficie los peores síntomas de machismo y testosterona mal digerida de algunos de sus componentes.
Puede que en ellos no se resuma la esencia sonora del estilo, ya que el quinteto de Huntington Beach siempre ha añadido elementos ajenos (punk, screamo, hard-rock) a la fórmula metalcore. Pero ellos y sus circunstancias (imagen, objetivos, fans) resumen a la perfección la tendencia hacia el glam más oscuro que viene observándose en el género desde hace un tiempo. My Chemical Romance podrían ser un buen ejemplo en la versión punk del asunto; Avenged Sevenfold lo serían en la metálica.
De manera que a la generación del baile violento y el ‘straight-edge’ más radical e intransigente le está sucediendo otra que tiene en la sombra de ojos y las historias góticas sus mejores aliados. Recuperando de paso sonidos que parecían olvidados.
Algo que se comprueba desde el primer segundo en ‘City Of Evil’ (Warner, 06), tercer trabajo de Avenged Sevenfold y segundo que graban para una multinacional. Dentro de su imposible mezcla de heavy clásico, punk-pop, emo y rock los californianos se han inclinado en esta tercera ocasión por lo primero, desapareciendo casi cualquier rastro de lo demás.
‘City Of Evils’ es una propuesta tan agresiva como excesiva y grandilocuente. Los solos de guitarra, así como las carreras por sus respectivos mástiles y los inevitables punteos, nos llevarán de cabeza a los mejores tiempos de la New Wave Of British Heavy Metal (‘Beast And The Harlot’), sin olvidar algo de hard-rock (‘Betrayed’). Algo similar ocurre con una voz que apenas rasga (adiós al famoso screamo, los rastros de Thrice son inaudibles) en la casi hora y media de música que encierra el álbum.
Claro que también hay dejes progresivos a lo System Of A Down en la voz de M. Shadows (‘Thrashed And Scattered’), pasajes neo-clásicos a base de cuerdas que pueden recordar a Faith No More (‘Strengh Of The World’), épica por un tubo (‘M.I.A.’) y, como no, guitarras acústicas que pueden sonar a Guns’N’Roses (‘Seize The Day’) en el mejor de los casos o a cualquier ídolo latino (‘Sidewinder’) en el peor. Y, lamentablemente, esto último no es broma.
Todo ello adornado de una imaginería y unas letras oscuras como el averno al que suelen hacer referencia Avenged Sevenfold en unas letras encajadas dentro de unas canciones excesivamente largas.
Zigor Cavero
http://avengedsevenfold.com/



